Changpeng Zhao, fundador de Binance, habría pagado a Donald Trump en Bitcoin a cambio de su gracia presidencial. La teoría, que circula desde hace semanas en ciertos círculos políticos de Estados Unidos, se nutre del creciente interés de la familia Trump por el sector cripto. Aun así, por ahora no existe ninguna prueba que avale semejante acuerdo, y el entorno de CZ lo descarta incluso como un escenario imposible.
En octubre de 2025, Trump firmó la gracia presidencial en favor de Zhao, condenado en EE. UU. por incumplir normas de lucha contra el blanqueo de capitales. Zhao había cumplido ya una pena de prisión relativamente breve, en plena “guerra contra las criptos” que, según sus defensores, habría marcado la etapa final de la administración anterior.
Al mismo tiempo, los lazos entre el universo Trump y los activos digitales se han intensificado. La familia participa en World Liberty Financial (WLFI), una plataforma cripto que, según diversas investigaciones periodísticas, habría explorado acuerdos o colaboraciones con Binance o personas próximas a CZ. En este contexto, la sospecha parecía inevitable: ¿y si la gracia no respondiera solo a un giro político, sino a un pacto económico oculto?
Algunos detractores de Trump lo han resumido como un caso de pay-to-play versión cripto: quien paga, juega. La hipótesis más repetida apunta a un pago en Bitcoin hacia un monedero supuestamente controlado por el presidente o su entorno.
Un monedero fantasma en el centro de las acusaciones
La idea saltó de los foros a la escena pública cuando Anthony Pompliano, una de las voces más influyentes del ecosistema, planteó directamente la cuestión a Teresa Goody Guillén, abogada personal de CZ, en su programa The Pomp Podcast. ¿Existe un monedero secreto de Trump que habría recibido Bitcoin de Zhao o de Binance como contrapartida de la gracia?
El planteamiento coincide con las críticas de la senadora demócrata Elizabeth Warren, que lleva semanas denunciando una supuesta trama de corrupción en torno al perdón presidencial. Para ella, el caso Zhao ejemplifica una mezcla peligrosa entre poder político, intereses privados y activos digitales todavía difíciles de interpretar para el público general.
Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente factual, no hay rastro de evidencias públicas que sostengan la teoría de un pago en BTC. No se ha identificado ninguna transacción on-chain compatible ni existe un monedero vinculado oficialmente a Donald Trump que haya recibido fondos procedentes de CZ o de Binance. Las sospechas se apoyan más en coincidencias llamativas: vínculos económicos en ciernes, una gracia acordada con rapidez y la creación de riqueza en torno a los proyectos cripto de los Trump.
Ese vacío alimenta la desconfianza, pero también pone de manifiesto una paradoja más amplia: mientras la industria presume de transparencia gracias a la blockchain, la política continúa moviéndose en terrenos opacos, marcados por redes de influencia y decisiones poco documentadas.
La respuesta de la abogada de CZ: “imposible” y técnicamente rastreable
Ante este guion casi cinematográfico, Teresa Goody Guillén ha sido tajante. En su entrevista con Pompliano, calificó las acusaciones como un “acúmulo de afirmaciones falsas” y aseguró que el supuesto pago “no resiste el análisis”.
Su argumento parte del conocimiento que tiene de su cliente. Según afirma, no es su manera de actuar. Además, recuerda la propia naturaleza del Bitcoin: cualquier movimiento de calado sería rastreable. Un pago significativo hacia un monedero que se sospechara vinculado a Trump acabaría siendo detectado y analizado por la comunidad.
La abogada fue incluso más allá, acusando a ciertos cargos públicos —entre ellos, a la senadora Warren— de haber cruzado una línea al atribuir a CZ delitos que ni siquiera figuran en su acusación formal. Por ello, se ha presentado una demanda por declaraciones consideradas difamatorias.
De fondo emerge otro relato: el de un empresario convertido en cabeza de turco dentro de una ofensiva más amplia contra las criptomonedas. Desde esta perspectiva, la gracia de Trump no sería un intercambio oculto, sino un gesto político para marcar distancias con la postura “anti-cripto” de la etapa Biden.
Bitcoin Hyper ($HYPER) avanza mientras el sector analiza el caso
Mientras el ecosistema escruta cada detalle del enfrentamiento narrativo CZ–Trump, algunos proyectos logran destacar sin verse envueltos en polémicas. Entre ellos, Bitcoin Hyper ($HYPER), presentado como una pieza complementaria al propio Bitcoin más que como un simple altcoin pasajero. Allí donde la gracia presidencial divide, este proyecto reúne a buena parte de los analistas en torno a una premisa: su modelo podría aportar utilidad real a largo plazo.
El token HYPER funciona como combustible interno. Se emplea para pagar las comisiones del propio protocolo Bitcoin Hyper, sirve como activo para el staking —fortaleciendo la seguridad y el consenso de la red— y actúa también como token de gobernanza para votar decisiones clave. Este conjunto genera una demanda más estable que la habitual en proyectos movidos por ciclos de euforia.

Su rasgo diferencial es el “doble motor” que establece con Bitcoin. Cuanto más crece su ecosistema, mayor es la necesidad de HYPER para operar dentro de él. Y, al mismo tiempo, si Bitcoin continúa consolidándose como reserva digital global, aumenta el valor potencial de las soluciones construidas en torno a su uso. El éxito de una parte impulsa a la otra, una simbiosis que gusta a los inversores de perfil más técnico.
Los últimos movimientos parecen confirmarlo: grandes inversores han realizado compras de varios cientos de miles de dólares en HYPER, incluida una operación cercana al medio millón este mes, que se suma a un desembolso previo de unos 833.000 dólares en octubre.




